FLAMENCO
EL LIBRO PÓSTUMO DE UN SEÑOR DEL FLAMENCO, MANUEL HERRERA RODAS
Por
José Cenizo Jiménez
Post #180

Hola. Os dejo mi opinión sobre un libro magnífico de entrevistas a artistas flamencos olvidados de Manuel Herrera Rodas, DEP. Abrazos.

MANUEL HERRERA RODAS, FLAMENCOS. VIAJE A LA GENERACIÓN PERDIDA, ALMUZARA, CÓRDOBA, 2022

EL LIBRO PÓSTUMO DE UN SEÑOR DEL FLAMENCO

José Cenizo Jiménez

El año 2020 nos dejaba la negra marca de la pérdida de todo un señor del flamenco, un gigante de la afición. Se nos fue, como el rayo, Manuel Herrera Rodas, a quien tanto queríamos. Todos los artistas y aficionados del universo jondo se volcaron, como no podía ser menos, en valorar la inmensa capacidad de trabajo de este hombre cabal que, a hombros de su honradez y esfuerzo, entregó al flamenco lo que el flamenco no le podría devolver.

Todos subrayan su labor en lo más destacado o vistoso -la Bienal, los Jueves Flamencos de Cajasol…-, pero preferimos quedarnos con otros aspectos de su titánico e incansable esfuerzo, menos de escaparate pero muy importantes y profundos. Así, su trabajo como impulsor, junto  otros grandes aficionados,  de peña flamenca -El Pozo de las Penas de Los Palacios-, de la revista Sevilla Flamenca (donde hemos colaborado), de la ITEAF (para ayudar a los flamencos mayores) y, especialmente, por lo que nos toca, la difusión del flamenco entre los escolares, el flamenco y su didáctica, frente en el que hemos coincidido en más de una ocasión y del que es pionero y maestro.

Precisamente el libro que comentamos está relacionado con esa generosidad y

atención hacia los artistas del flamencos olvidados en mayor o menor medida. En Flamencos. Viaje a la generación perdida, editado póstumamente por Almuzara, se recogen, nos dice el autor, una serie de entrevistas a hombres y mujeres del cante, del baile y del toque “que habían sido fundamentales en su tiempo, pero que por las circunstancias políticas, económicas o sociales, la afición los había ido dejando aparcados en el rincón del olvido”. Las entrevistas, treinta y tres, se hicieron entre 1982 y 1990 y se publicaron en la revista Sevilla Flamenca.

Como pórtico, una excelente copla flamenca: “Anda y siéntate tú ahí, / tú en una piera y yo en otra, / cuéntame tus alegrías / que las mías son muy pocas”.  Antonio Zapata, en el prólogo, que titula “Pasión y conocimiento”, subraya que estamos ante un documento extraordinario lleno de penurias y desarraigo, de olvido y dolor, pero también de arte y de humanidad. El libro, dice, tiene un interés no sólo flamenco, sino también antropológico y sociológico, señala los rasgos de fondo de una época de varias etapas o generaciones, pues en esta “generación perdida” se aúnan los años de antes y de después de la guerra.

Asimismo, como hacemos nosotros, Zapata pone en valor las introducciones y conclusiones de Manuel a cada entrevista. Nos atrevemos a decir que algunas veces semblanzas o descripciones llegan a ser verdaderos fragmentos de prosa poética, como por ejemplo, la que hace de la tía Anica La Piriñaca: “(...) Su cara, marcada por las arrugas de los años, los sufrimientos y las fatigas, aparece cuarteada en mil surcos cual si de reseca tierra marismeña se tratara” (pp. 75-76). Asimismo, se recuperan letras, modos, verdades, formas de expresión, aspectos varios y variopintos de artistas y de etapas históricas del flamenco, como escribe el propio autor.

Valoramos, pues, esa capacidad de conexión, de empatía con los entrevistados, la calidad de los marcos textuales que escribe, la oportunidad de las preguntas, la alegría y el dolor mezclados en las respuestas (genial la entrevista a La Sallago, por ejemplo). Asimismo, el aporte de letras, algunas no muy conocidas, las jugosas anécdotas y la variedad: hombres y mujeres, unos más conocidos -Pilar López, La Niña de la Puebla...- que otros -José Fernández “Melu”, “Tragapanes”...-, de diferentes enclaves de Andalucía.

Ya habíamos leído en su momento, los ochenta, en la revista citada, muchas de ellas, pero ahora las hemos releído con un enorme placer, agridulce desde luego por el fondo social que subyace y por la poca atención que se les prestó a estos artistas en su vejez. Las fotos son magníficas y la edición también, de modo que recomendamos este libro con un empeño especial, se aprende mucho con él del flamenco, de lo flamenco y de los flamencos y se hace justicia a estos artistas y a Manuel Herrera Rodas, un escritor con la savia de Andalucía en sus venas y en su pensamiento y con el flamenco metido hasta los tuétanos como pocos.

 

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