SALUD
Dime qué piel tienes y qué alimentos debes tomar
Por
Redacción
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Aohora que el invierno está practicamente instalado y con él se reducirán drásticamente las horas de Sol, es momento de comenzar a cuidar nuestra piel de esos excesos que producen los días de calor. Eso sí, sabemos que cada piel es diferente y por eso cada una necesita diferentes cuidados. Además de los cosméticos que la cuidan y protegen por fuera, es muy importante cuidarla y más aún hidratarla desde dentro.

En este artículo queremos hacerte saber cómo cuidar tu piel, según el tipo que tengas, mediante un grupo de pautas alimentarias hechas especialmente para ti. 

Piel seca: espinacas, albaricoque, calabaza, sardinas y carnes
¿Tienes la piel tirante, áspera? ¿Le falta flexibilidad? Las pieles secas se cuartean y llegan a perder luminosidad. Lo que, en muchas ocasiones, supone enrojecimiento y tendencia a la escamación, a la tirantez y al picor.

Lo que este tipo de piel necesita es hidratación y nutrición. Factores en los que también puede participar la alimentación. ¿Cómo? Para ayudar a reparar la piel, lo ideal es incluir en tu dieta alimentos ricos en antioxidantes como la vitamina A y C. Además, los alimentos que contienen buenas dosis de betacaroteno resultan buenos para restaurar esas zonas dañadas. En este grupo entran los vegetales de hoja verde (espinacas) y frutas y verduras de colores anaranjados y amarillos: albaricoques, pimientos amarillos y rojos, zanahorias y calabazas.

Por otro lado, los productos ricos en vitamina B2 ayudan a dar brillo a la piel. Aquí se incluyen aquellos de origen animal como carnes y los que contienen vitamina A como los huevos. Y no olvidemos los alimentos ricos en zinc: ayudan a reparar daños como la descamación, la picazón y promueven la suavidad de la dermis. 

No hay que olvidar los cuidados externos específicos: lo mejor es exfoliar la piel con productos no agresivos adaptados a sus necesidades y añadir una gota de aceite esencial de lavanda a la crema que utilices cada noche antes de irte a dormir. ¡Sentirás tu piel como nueva!

Piel grasa: fresas, piña, limón, alcachofas, pepino y salmón
¿Tu piel tiene una textura irregular? ¿Brillos en la zona T? ¿Puntos negros? Si tu respuesta es sí, tu tipo de piel es grasa. Este tipo de dermis normalmente presenta un exceso de sebo que provoca la obstrucción de los poros, dando lugar a imperfecciones como granitos, puntos negros y brillos. Algo bastante incómodo, ¿verdad?

La primera categoría de alimentos para mejorar la piel grasa que debemos tener en cuenta es la de frutas. Destacan las fresas que producen un efecto antiinflamatorio y evitan la inflamación que daría lugar a una sobreproducción de sebo, la piña que gracias a su contenido de bromelina ayuda a la degradación de las proteínas y favorece la absorción intestinal evitando excesos de toxinas y lípidos (justo lo que intentamos eliminar a través de la piel) y limón que remueve las células muertas gracias a su contenido en ácido alpha hidroxi.

A este tipo de pieles, les favorece el consumo de alimentos con elevado poder diurético como las alcachofas o el pepino que, también, tiene un efecto calmante y refrescante para la piel (efectos que puedes potenciar si lo usas para tus tratamientos faciales externos). Además, para favorecer el efecto antiinflamatorio, lo ideal es incluir alimentos ricos en omega 3 como el salmón, la trucha y la caballa.

¿Quieres un cuidado extra? Nutritienda.com recomienda aplicarse, una vez por semana, mascarilla de arcilla verde. Un producto especialmente recomendado para el acné ya que regula el exceso de grasa y ayuda a potenciar la correcta cicatrización.

Piel normal: tomate, zanahoria y naranja

¿Tu piel es suave y firme? ¿Libre de imperfecciones, con un leve tono rosáceo? Si es así, tu tipo de piel es normal. ¡Enhorabuena si te encuentras en este grupo! ¡céntrate en mantenerla sana! Para ello, incluye en tu alimentación un plus de energía y antioxidantes. Tus alimentos aliados son el tomate, zanahoria y naranja.

¿Quieres un cuidado extra? Basta con aplicarse una crema hidratante diariamente y una vez a la semana exfoliar el rostro para eliminar toxinas.

Vegetales con colores vivos como mango, melocotón, albaricoque, calabaza o zanahoria. Ese color predominantemente anaranjado, se debe a su contenido en alfa y beta-caroteno, precursores de la vitamina A, imprescindible para la renovación celular, protección del envejecimiento prematuro e incremento de la producción de melanina, sustancia necesaria para el bronceado de la piel.

Frutas como el kiwi, fresa, naranja mandarina o limón tienen un alto contenido en vitamina C, antioxidante que protege las células de la piel e interviene en la formación de colágeno, una proteína necesaria para que la piel conserve la elasticidad y firmeza.

Alimentos ricos en vitamina E como son el aceite de oliva, el aguacate y las nueces. Neutralizan la oxidación de las grasas y la producción de radicales libres, ayudando a mantener un aspecto de la piel joven y cuidado.

Los ácidos grasos Omega-3, se encuentran generalmente en los pescados azules como el atún, la caballa, el salmón o los boquerones, entre otros. Protegen la piel de la deshidratación y actúan como agentes antiinflamatorios. Este tipo de pescado es rico en vitamina D, protector natural de la luz ultravioleta.

Alimentos que contienen azufre como los espárragos, huevos, cebolla y ajo pueden promover el rejuvenecimiento de la piel, ayudan a mantener la piel hidratada, suave y flexible.

Y recuerda: es indispensable beber mucha agua y evitar los alimentos muy salados y ricos en sodio ya que retienen líquidos y acentúan la aparición de bolsas y ojeras.

Por último, y como una ayuda añadida, cada vez más gente utiliza los preparadores solares en cápsulas que evitan el envejecimiento cutáneo, alergías, dermatitis, quemaduras y preparan la piel para los rayos UVA y UVB y una mejor exposición solar mientras contribuyen a tener un bronceado más intenso. En su fórmula encontramos el Licopeno que tiene propiedades antioxidantes que previenen el envejecimiento de la piel y el ?-caroteno que da un tono natural y uniforme a la piel. Cada marca tiene sus indicaciones, pero lo normal es empezar a tomarlas un mes antes de exponerse al sol, durante el tiempo que lo hagamos y un mes después para mantener un mejor bronceado. Y ¡por supuesto! Acompañarlo de una buena crema protectora (reaplicando como máximo cada 2 horas) y huir de las horas centrales del día cuando el sol es más perjudicial.

 

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