XXVII NOCHES EN LOS JARDINES DEL REAL ALCÁZAR
Ecos de París / París
El dúo formado por el violinista Adrián Fernández y el pianista Pepe Fernández reúne dos trayectorias de alto nivel artístico que confluyen en un proyecto centrado en el diálogo entre virtuosismo, expresividad y diversidad estilística. Adrián Fernández, natural de Puertollano (1997), se forma en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, donde obtiene el Premio Extraordinario Fin de Carrera, y amplía estudios en la Hochschule für Musik und Tanz Köln con Michael Vaiman. Ha sido galardonado en certámenes internacionales como “Violines por la Paz” o el Concurso L. Kogan, y ha actuado en salas como la Kölner Philharmonie, el Auditorio Nacional de Madrid o Les Arts de Valencia, además de desarrollar una intensa actividad docente como catedrático en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla.
Pepe Fernández, pianista de Utrera, desarrolla una trayectoria singular en la que conviven la música clásica, el flamenco y la creación contemporánea. Su actividad incluye actuaciones en espacios como el Teatro de la Maestranza, el Palacio de Festivales de San Sebastián o los Jardines del Generalife, así como su participación en la Bienal de Flamenco de Sevilla y en proyectos escénicos junto a compañías de danza y ópera. Su perfil se caracteriza por la versatilidad y por una aproximación abierta al piano como instrumento transversal entre lenguajes.
El programa que presentan, Ecos de París, propone un recorrido por el repertorio para violín y piano a través de la influencia de la capital francesa como centro de innovación musical a finales del siglo XIX y principios del XX. La Sonata n.º 2 en sol mayor de Maurice Ravel aporta un lenguaje de refinamiento armónico y exploración tímbrica, especialmente en su célebre movimiento “Blues”, donde confluyen tradición europea y elementos del jazz. La Sonata n.º 3 de George Enescu introduce un universo de inspiración popular rumana integrado en una escritura moderna de gran densidad expresiva, mientras que el Zapateado de Pablo Sarasate aporta el componente virtuoso y rítmico de la tradición española, proyectada hacia el circuito internacional de París. En conjunto, el programa traza un mapa sonoro en el que la ciudad actúa como punto de encuentro entre identidades culturales, innovación estética y desarrollo del lenguaje instrumental.