Volver al mundo después de la incertidumbre, recuperar la confianza en lo cotidiano y encontrar en la escritura una forma de volver a habitar la realidad. Sobre ese movimiento íntimo se construye el nuevo poemario de Jordi Doce, publicado en la colección Vandalia de la Editorial Fundación José Manuel Lara. Concebido como el relato de una convalecencia y un viaje hacia tierra firme, el libro reúne poemas que exploran la fragilidad, la memoria y la posibilidad de comenzar de nuevo. Sus tres secciones se estructuran simbólicamente en torno al aire, el agua y la tierra, elementos que acompañan el proceso por el que el mundo recupera consistencia y el viajero vuelve a reconocer el camino. Con una escritura cada vez más depurada, atenta a los matices del pensamiento y a los movimientos de la conciencia, Doce convierte la experiencia del regreso en una reflexión poética sobre la vida y sus posibilidades.
El autor presenta la obra acompañado por la escritora Carmen Camacho y Jacobo Cortines, director de la colección Vandalia, en un encuentro que invita a acercarse a las claves de una de las voces singulares de la poesía española contemporánea. Jordi Doce cuenta con una trayectoria que abarca la creación poética, el ensayo, los diarios y el aforismo, con títulos como Lección de permanencia, No estábamos allí y Maestro de distancias, estos dos últimos reconocidos como mejores libros de su año por la revista El Cultural. Su labor literaria se completa con una destacada actividad como traductor de poesía en lengua inglesa, su paso por la Universidad de Oxford y el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y su actual coordinación de la colección de poesía de Galaxia Gutenberg, además de su trabajo como crítico literario. En Dime el regreso, esa experiencia múltiple converge en una voz reflexiva que combina lucidez, sensibilidad e inteligencia.
El nuevo poemario también recupera, desde la perspectiva de la madurez, algunos de los paisajes presentes en los primeros libros del autor, ahora contemplados con una mirada más esencial y consciente del paso del tiempo. Lejos de entender el regreso como una simple vuelta al punto de partida, Doce lo plantea como una transformación: regresar implica reconocer lo perdido, aceptar las dudas y aprender a mirar de nuevo. La economía expresiva de sus versos acompaña ese recorrido sin renunciar a la complejidad de la experiencia humana, mientras cada imagen contribuye a reconstruir los vínculos con el entorno.