Hay lugares donde la historia se percibe en cada rincón y el vino se convierte en una forma de descubrir el territorio. Las Bodegas Tío Pepe, en el corazón de Jerez de la Frontera, ofrecen una experiencia que combina patrimonio, cultura vinícola y hospitalidad entre calles emparradas, patios, jardines y espacios centenarios. Sus 190 años de historia acompañan un recorrido por las tradicionales andanas de botas, donde los vinos de Jerez continúan su pausada crianza y conservan los aromas que definen una de las señas de identidad de la ciudad. Una visita que invita a detenerse y conocer de cerca una tradición que permanece viva generación tras generación.
El Hotel Bodega Tío Pepe, ubicado dentro del complejo bodeguero y a escasos pasos de la Catedral y el Alcázar, propone prolongar la experiencia con una estancia entre botas y una velada gastronómica en el restaurante Pedro Nolasco. Su menú reúne recetas elaboradas con productos locales y maridajes con algunas de las referencias más destacadas de la casa: los aperitivos llegan acompañados de Fino Tío Pepe en Rama; la corvina a la brasa se sirve con Palo Cortado Leonor, y los raviolis de berza jerezana encuentran su complemento en el Oloroso Alfonso. Como cierre, una emulsión de tocino de cielo con helado de limón se acompaña de Cristina Medium. La experiencia culmina en la terraza del hotel, con una copa de Tío Pepe y las vistas de la puesta de sol, en una invitación a disfrutar Jerez a través de sus vinos, su gastronomía y su patrimonio.