Las Niñas de Cádiz llevan la tragedia clásica a la amistad cotidiana
Dos amigas, tan unidas que parecen hermanas, protagonizan el nuevo espectáculo de Las Niñas de Cádiz, una compañía que encuentra en la mezcla de humor irreverente, tradición popular y tragedia uno de sus principales rasgos de identidad. Bajo la aparente normalidad de esta relación se esconde una sombra: mientras una crece protegida por la vida, la otra acumula frustraciones y desdicha. Esa desigualdad latente prepara el terreno para un conflicto que transforma la amistad en un territorio de rivalidad, culpa y destrucción.
La propuesta despoja a Fedra y Medea, figuras de la mitología griega asociadas a pasiones extremas y destinos trágicos, de sus peplos clásicos para trasladar sus resonancias al presente. Sus protagonistas son mujeres corrientes, hasta que una fatalidad antigua parece apoderarse de ellas y desencadena una violencia capaz de arrasar cuanto encuentra a su paso.
El escenario es Cádiz, recreada con una atmósfera macondiana en la que los elementos cotidianos adquieren un carácter premonitorio. El viento de levante, el silbido de la flauta del afilador, la llegada del circo a las afueras, los pájaros y el coro de vecinos componen un paisaje cargado de señales, como si la ciudad entera presintiera la tragedia.
Las Niñas de Cádiz plantean así una reflexión lúdica y jonda sobre la suerte y la culpa. La carcajada atraviesa una historia terrible y revela su reverso cómico, mientras el humor deja entrever un fondo oscuro. Esa convivencia de contrarios define el lenguaje de la compañía: acercar los grandes conflictos universales a la experiencia cotidiana, sin renunciar a la ironía, la raíz popular y la identidad gaditana.