Febrero 2012

PÉRDIDAS/DUELOS

“La muerte no llega nada más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida (J de la Bruyere)……”

El duelo es un proceso, una reacción emocional, pero también física, cognitiva y social, que se produce tras la muerte de un ser querido. Todas las culturas tienen alguna forma de despedir a los fallecidos, aunque con matices y diferencias entre ellas. Las experiencias de pérdida son comunes a todas las personas, aunque la elaboración y resolución de las mismas depende de variables como la intensidad de la relación que se mantenía con el difunto o la personalidad del sobreviviente entre otras. Aunque cuando hablamos de duelo nos referimos por lo general a la reacción emocional que suele acompañar a la muerte de un ser querido (familiar o a una persona cercana), estos dinamismos psicológicos son extensivos a otros acontecimientos como la pérdida de un ideal o por ejemplo el puesto de trabajo. Según la teoría del apego (Bowlby): “la tendencia de los seres humanos a establecer fuertes vínculos emocionales con otras personas”, es una forma de entender las intensas reacciones emocionales (estrés y ansiedad) que se producen cuando dichos lazos se ven amenazados o se rompen. La investigación biológica, ha podido demostrar que estos vínculos se dan también entre los animales, aunque ello no implica, como opinan algunos, que se trate exclusivamente de una respuesta biológica, teniendo en cuenta, claro, que durante el proceso de duelo, existe también un componente fisiológico. Por consiguiente, lo importante es atender a las manifestaciones emocionales que se pone en marcha y en la que predominan los sentimientos de pena y tristeza. Pero como acabamos de señalar, el concepto de duelo abarca otras situaciones, como señaló Freud en su trabajo “aflicción y melancolía” (1917) incluyendo en la categoría de duelo otras pérdidas que también ponen en marcha reacciones similares a las que acabamos de referir, como pueden ser los valores, un ideal, la patria o la libertad. A lo largo del ciclo vital humano, cuando transitamos de una etapa a otra: infancia,adolescencia, adulto, madurez, vejez, y aunque no seamos conscientes de ello, atravesamos diferentes duelos y dependiendo de cómo los vayamos afrontando y superando, con la ayuda de la familia y el entorno, vamos a poder gozar de una mejor capacidad adaptativa, equilibrio y madurez para poder afrontar con éxito los nuevos escenarios y problemáticas que se vayan presentando; Todo duelo va acompañado de una serie de manifestaciones psicofísicas comunes: dolor, enfado, impotencia, mareos, palpitaciones, malestar general, desgana, poco apetito, rabia, ira, pena, tristeza o incluso alivio; estas manifestaciones, varían entre las personas y de un grupo familiar a otro, dependiendo del contexto, causa del fallecimiento, de si es un niño o un adulto, que la muerte sea esperada o no, etcétera; también de la personalidad y del tipo de vínculo que mantenía con la persona fallecida. El duelo normal puede verse interferido por diferentes factores como la coincidencia con otras enfermedades u otras pérdidas, y convertirse así en un duelo patológico o incluso manifestarse bajo el “disfraz” de una determinada enfermedad médica (duelo enmascarado). El duelo normal consta de varias fases, que podemos resumir en tres: Shock inicial, negación o no creer lo que ha sucedido y periodo de superación, reorganización o resolución. Los tempos de estas fases hasta el final del proceso, son naturalmente muy variables en función de las circunstancias que acabamos de comentar y pueden durar desde meses hasta incluso años. Desde el punto de vista de la ayuda, lo más razonable es prestar el apoyo necesario para que la persona aceptela realidad de la perdida, ayuda que suele provenir del entorno más cercano: familia, amigos y vecinos, acompañarle durante los rituales de despedida y que pueda llorar y expresar sus sentimientos con normalidad. Considero que sólo se debe recurrir a la ayuda profesional cuando las circunstancias así lo aconsejen o si el duelo se complica. Entendemos que la ayuda “profana” y cercana es la más natural y a la que tradicionalmente se ha recurrido para consolar a los deudos en estos trances. Por otro lado el uso de alguna medicación (tranquilizantes) requiere una cuidadosa valoración, ya que en algunos casos puede ser contraproducente.

Francisco Yanes, psiquiatra

 

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