30 FESTIVAL DE JEREZ
DAVID LAGOS Y LEONOR LEAL CON PROYECTO LORCA Y MANUEL VALENCIA
Hay un temblor que antecede a la emoción.
Un aire que vibra entre quien crea y quien mira.
Ese “aire conmovido”— fue para Didi-Huberman el espacio donde se manifiesta el bmisterio del arte: el lugar donde nace el duende, aquí llamado Martinico.
Para Leonor Leal, antes de que el aire se conmueva, debe hacerlo la piel, el pelo, las fronteras de su cuerpo. La emoción viaja por sus vísceras, por los órganos y músculos, por la sangre que hierve o templa, por los dientes y hasta por el tuétano de los huesos.
Es el viaje interior de una bailaora que no espera a nada: se convoca desde dentro a ella misma, a través de la práctica y del temblor cotidiano del cuerpo.
Para David Lagos, ese espacio de emoción se revela en la poesía hecha cante. Se busca en Miguel Hernández —“Yo he nacido como el toro”— donde la muerte es destino inevitable; en Alberti, en su claridad incierta, donde la razón se disuelve y reinan las tinieblas. En la muerte, principio y fin; en la vida, apenas migajas de alegría y llanto… “¡Ay, qué martirio, que las lágrimas no puedan darme alivio!”
Martinicos le di a mi cuerpo es la travesía compartida de ambos artistas hacia lo más hondo de su sentir.
Un viaje por la poesía y el cuerpo, donde algo asciende desde los pies, recorre la sangre y se hace voz y movimiento.
Un cuerpo vivo. Una voz que conmueve. Una emoción que nos atraviesa.