Toca mojarse. Ahí va: el trebujenero Juan Tomás de la Molía y la nerjeña Águeda Saavedra están llamados a ser –salvo caprichosas sorpresas del arte– la pareja de baile del siglo. No hay en este momento en el flamenco un dúo que pise los escenarios con la flamencura y la calidad que rebosan estos enjundiosos bailaores tocados por la varita del duende.
Bajo el título Interpersonal presentaron una cuidada propuesta en la que brillan tanto en solitario como en el paso a dos, donde co-fluyen jugando al contrapunto en las tensiones: mientras uno dibuja figuras con el cuerpo, el otro se afana en el zapateao para ir coincidiendo al unísono y con precisión en lugares comunes perfectamente coordinados, sin caer en la repetición manida de poses, pasos y marcajes, otorgándole heterogeneidad, dinamismo y originalidad a la coreografía conjunta y dotando de personalidad propia, oportuna y adecuada a las mudanzas y pasajes individuales cuando comparten el entarimao.