David Segura.
Pancracio concibe en sueños sus creaciones más precisas. El ambiente onírico en que desarrolla su inventiva y la perfección de sus criaturas le hacen confundir la realidad con la ficción. En el día a día asiste a una continua metamorfosis de sus marionetas, que, una vez manipuladas, terminan cobrando vida mediante la danza; sin embargo, su delirante actividad afecta a su propia hija, criada entre telas, alfileres, maderas y serruchos, e ignorantes del mundo fuera del taller, sin reparar en que va privándolas de su libertad. Pone en práctica el doble juego de personificar a los objetos y cosificar a las personas.
En un mundo donde las fronteras entre lo humano y lo artificial se desdibujan, Homo Faber nos sumerge en un universo coreográfico hipnótico, donde los muñecos cobran alma y lo humano revela su condición de marioneta.
A través de la danza y la música compuesta para la ocasión, los intérpretes exploran las tensiones entre libertad y control, conciencia y programación, identidad y simulacro.
El escenario se convierte en un teatro de dualidades: cuerpos que se retuercen como si fueran hilos tirados desde lo invisible, figuras inertes que despiertan con una energía que parece más humana que la de los propios humanos. Cada movimiento cuestiona: ¿quién mueve a quién? ¿Dónde empieza el alma y dónde termina la representación?
Homo Faber es una metáfora danzada de nuestra sociedad mecanizada, una reflexión visual y emocional sobre lo que creemos ser y lo que realmente somos, cuando las máscaras caen y los hilos quedan al descubierto.