CICLO DE LÍRICA
Esta ópera en cuatro actos de Giuseppe Verdi, inspirada en un texto de Auguste Mariette Bey, mantiene su esencia de siempre: de nuevo el conflicto entre privacidad y vida pública, otra vez una historia de amor debatiéndose entre el deber y el querer, el poder establecido como origen de la infelicidad… Solo que esta vez en un ambiente colosal, y, como se verá, aplastante.
Uno de los títulos más célebres del repertorio y, al mismo tiempo, una de las más complejas creaciones del maestro regresa al Teatro de la Maestranza en una nueva producción del propio teatro. Paco Azorín es el encargado de responder al desafío de poner en pie este ambiguo y fascinante relato, con libreto de Antonio Ghislanzoni y Camille du Locle.
Cuando se apaga la marcha triunfal
Verdi concibió Aida como su testamento operístico antes de que Otello y Falstaff lo obligaran a rectificar. Ismail Pachá, jedive de Egipto, le encargó una obra para inaugurar el Canal de Suez, pero el estreno en El Cairo no llegó hasta la Nochebuena de 1871, retrasado por la guerra franco-prusiana y las complicaciones logísticas de transportar decorados desde París. La paradoja es que esta ópera, concebida como un monumento al poder faraónico, se sostiene sobre un conflicto íntimo: tres personajes atrapados entre lealtades políticas y deseos personales. Cada nuevo montaje se enfrenta al mismo dilema: cómo equilibrar la pompa exterior —los coros, los bailes, la marcha triunfal— con la fragilidad emocional de su triángulo amoroso.
El verdadero desafío de Aida no es escénico, sino dramático. Verdi no escribió un espectáculo con adornos sentimentales, sino un estudio de la opresión ejercida por el poder institucional —el Estado, el clero, la tradición— sobre los individuos. La escenografía colosal no es un capricho: es la materialización de ese peso que aplasta a los personajes. La marcha triunfal, los himnos guerreros y las danzas rituales no son concesiones al público, sino herramientas para subrayar la soledad de quienes quedan excluidos de esa celebración colectiva. Porque Aida funciona mejor cuando el espectador olvida los elefantes y recuerda que, bajo la arena del desierto, hay una historia de tres personas que no pueden escapar de su destino.
La producción que ahora presenta el Teatro de la Maestranza, a cargo de Paco Azorín, llega después de una ausencia de once años. Azorín, conocido por su capacidad para despojar los grandes títulos de su parafernalia histórica y buscar núcleos simbólicos, se enfrenta a una obra que parece exigir grandiosidad pero que, en realidad, se resiente cuando se la recarga de oropel. Su labor consiste en encontrar el punto justo donde lo monumental no anule lo humano. El libreto de Ghislanzoni y du Locle, con sus diálogos de una precisión casi quirúrgica, ofrece el andamiaje necesario para que esa tensión se mantenga viva durante las casi tres horas de función.
Equipor artístico y reparto:
Dirección musical: Daniele Callegari / Dominic Limburg*
Dirección de escena,escenografía e iluminación: Paco Azorín
Diseño de vestuario: Ana Garay
Diseño de vídeo: Pedro Chamizo
Movimiento: Carlos Martos
Real Orquesta Sinfónica de Sevilla
Coro Teatro de la Maestranza (dirección, Íñigo Sampil).
Nueva producción del Teatro de la Maestranza en coproducción con ABAO Bilbao Ópera, Auditorio de Tenerife, Teatro Municipal de Santiago de Chile y Teatro Nacional de São Carlos de Lisboa. Con la participación del Festival Perelada.