La guitarra de Diego del Morao, en el escenario que la Bienal de Sevilla dedica a las seis cuerdas, encuentra su espacio para brillar en solitario. Sus manos y sus pies se convierten en los artífices y hechiceros del concierto, trazando una narración de compás personal, reconocible y única. Acompañándolo, su característica orquesta jerezana aporta el aire inherente de Santiago, ese pulso que llevan intrínseco en las venas y en el alma los nacidos en uno de los barrios con ADN flamenco propio distintivo.
Su propuesta, profundamente personal y con señas de identidad inconfundibles, se despliega con absoluta naturalidad. La jondura del flamenco más auténtico convive con una mirada abierta y sensible, en la que cada nota respira herencia y creación. Un directo cargado de identidad, riesgo y belleza, en el que Jerez no solo suena: late.