MIGUEL ÁNGEL VILLAR, EL POETA TRANQUILO Y COMPROMETIDO
(IN MEMORIAM)
El 27 de abril de 2026 ha fallecido el poeta Miguel Ángel Villar. Nacido en Sevilla en 1951, tuve la suerte de compartir con él amistad literaria y personal a raíz de mis investigaciones sobre el grupo poético Gallo de Vidrio de Sevilla y mi pertenencia al mismo algunos años allá por los años noventa. Elaboraba mi tesina y luego tesis doctoral sobre los grupos surgidos en los años setenta, como Gallo de Vidrio, y eso me puso en contacto con él y otros compañeros, pues no en vano el poeta es uno de sus miembros fundadores y constantes desde principios de los setenta, y era su presidente en el momento de su fallecimiento.
A este grupo o colectivo ha estado vinculada su vida y obra literaria básicamente, en donde ha cultivado la amistad, la literatura, el activismo cultural y el compromiso social.
En 1992 se publica la obra De la tierra al aire, editada en la colección “Algo nuestro”, de dicho grupo, con la colaboración de la Fundación Machado y de Ediciones Alfar. Coordiné este libro, que contiene una antología de coplas flamencas de varios autores, entre ellos Miguel Ángel Villar. Carmen Arjona, miembro actual de Gallo de Vidrio, escribió un artículo titulado “La copla flamenca como actividad creadora en Gallo de Vidrio”. Al analizar la aportación de Miguel Ángel Villar, seleccionaba algunas de sus coplas, tras definirlo como “sevillano del mundo y poeta”. “Unas peteneras dedicadas al río Guadalquivir que contiene entre sus tercios un mensaje de denuncia, de rechazo a la injusticia”, decía:
Al río Guadalquivir
lo mataron sin piedad
cuatro señoritos negros,
cuatro señoritos negros
sin carné' de identidad,
al río Guadalquivir
lo mataron sin piedad.
Qué vida más triste lleva
el río Guadalquivir,
que en sus agüitas negras,
que en sus agüitas negras
refleja pena y sufrir,
qué vida más triste lleva
sin un mar donde morir.
Puede seguirse su trayectoria en Internet en algunas entradas, como https://poesiaenlared.wordpress.com/category/miguel-angel-villar/, donde vemos el poema siguiente, del poemario Volver atrás:
Ya no quedan pétalos
en esta rosa tan manoseada,
tantos tenores huecos,
poetas de ombligos al aire
miopes sin lentes
acomodados al lápiz y la mesa.
Los campos siguen verdes
mientras amarillean las espigas,
no enflaquecen los cuerpos
ni se agrietan las manos
de callos endurecidas.
Son tiempos de imágenes cotidianas,
de palabras nuevas que se hacen amigas,
cayucos de mercancías consumistas,
la sangre no es noticia,
ni roja, ni miserable.
Las espumas blancas
que rompen la arena
se hacen negras de cadáveres,
impasibles las miradas
al son del hielo alegre
de un cubalibre sin libertad
y sin Cuba hermana.
¿Dónde el hombre?
¿Dónde el poeta?.
La rosa yace deshojada.
La vida es un terciopelo suave.
¿Dónde el hombre?
¿Dónde el poeta?
En el blog de Fernando Sabido aparecen varios poemas y la trayectoria:
https://poetassigloveintiuno.blogspot.com/2011/07/4349-miguel-angel-villar.html
Y el también poeta y compañero del grupo Gallo de Vidrio Ángel F. Sánchez Escobar escribe como recuerdo del amigo estas palabras en Facebook el mismo día 27 de abril, que compartimos y con las que nos despedimos de Miguel Ángel, hombre comprometido y poeta de obra muy humana:
https://www.facebook.com/profile.php?id=61566176297538
LLANTO POR UN POETA: HOY HA FALLECIDO MIGUEL ÁNGEL VILLAR
Hoy nos ha dejado Miguel Ángel Villar, y con él se apaga una de esas presencias que parecían formar parte natural —y necesaria— de la vida cultural de Sevilla.
Presidente de Gallo de Vidrio, fue mucho más que un nombre al frente de una relevante asociación: fue uno de esos pilares discretos que sostienen lo auténtico, alguien que entendió la cultura como compromiso, convivencia y palabra compartida.
Cuesta no recordarlo en las tertulias, en aquellas reuniones donde la poesía se mezclaba con la vida, con la amistad, con el tiempo sin prisa. Villar estaba ahí, siempre: cercano, sin estridencias, haciendo fácil lo importante.
Pero hablar de él es también hablar de su poesía. Una poesía fiel a la emoción, a la palabra cuidada, muchas veces anclada en la tradición —el soneto, el ritmo clásico— y, al mismo tiempo, profundamente íntima. En sus versos aparece el amor como latido constante, junto a la memoria y el paso del tiempo. Su voz no buscaba imponerse, sino permanecer.
Como escribió en uno de sus sonetos:
“Que el amor obstinado va sembrando
lo que el ciego instinto le despierta,
y mi abierto corazón va guardando…”
Ahí está, quizá, su forma de entender la vida: sembrar, guardar, permanecer.
Quienes lo conocieron lo evocan en lo pequeño: en la cocina, defendiendo lo hecho con paciencia; en una conversación que se alargaba entre versos y recuerdos; en su forma de escuchar, tan poco frecuente.
Desde aquellos años jóvenes en la Universidad de Sevilla hasta hoy, nunca dejó de creer en la poesía como una manera de estar en el mundo. Y así vivió.
Hoy, más allá del poeta, duele la ausencia del amigo, del compañero, del hombre bueno.
Se nos queda Sevilla un poco más silenciosa, pero sus versos —y su manera de vivirlos— siguen aquí.
Descansa en paz, Miguel Ángel.
Foto: Portada con foto de la entrada de Ángel F. Sánchez Escobar. Otra con Miguel Ángel Villar, abajo a la derecha, con otros miembros de Gallo de Vidrio. Écija, 11-11-90. Archivo de José Cenizo.