EVA YERBABUENA
Eva Yerbabuena recurre de nuevo a la dualidad como forma expresiva pero, sobre todo, reflexiva. Adentrándose en dos fuerzas opuestas pero interconectadas, se abalanza sobre una máxima cada vez más presente en sus creaciones: nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud.
Así, y en una continua conversión, la artista comprueba la certeza de lo que siempre ha creído. Y es que, como defiende, “la transformación continua es una morbosa provocación que no solo existe, sino que además le da sentido a todo”.
Por eso en esta obra se mueve entre rigidez y flexibilidad, quietud y movimiento, luz y oscuridad, clasicismo y vanguardia, artesanía y tecnología, para replantearse lo que creía absoluto e inamovible.
Por eso rechaza la modernidad para sumergirse en ella.
Por eso pisotea estructuras para ponerlas en valor.
Por eso es Eva Yerbabuena y, con ella, la oscuridad puede brillar.