Creación, dirección e interpretación MIGUE LÓPEZ Espacio sonoro y música DAVID GONZÁLEZ Saxo BERNARDO PARRILLA Tuba JUANMA LÓPEZ Iluminación CARMEN MORI Vestuario GLORIA TRENADO Asesoría artística ALBERTO CORTÉS, BÁRBARA SÁNCHEZ Asesoría dramatúrgica JAIME
Un bostezo melancólico de la tierra es una investigación escénica que mira el barroco español desde el presente, el cuerpo, la disidencia y la guasa. Tomando como punto de partida los versos de Luis de Góngora, la pieza activa un dispositivo de exceso, contradicción y presencia física: el bostezo como umbral, la cueva como espacio de interioridad y misterio, la escena como lugar de exposición y rito. Pero todo ello atravesado por la locura de un bufón marica que mira lo sagrado con guasa, que desciende a los infiernos haciendo palmas y que convierte el quejío en rumba.
Sobre el escenario, un cuerpo marica —vulnerable, brillante, excesivo, lenguaraz— atraviesa la palabra de Góngora hasta hacerla carne. La voz no se limita a recitar: canta, se quiebra, juega con la toná, los villancicos y los ecos de la Semana Santa. Una tuba procesional y un saxo dialogan con el intérprete para habitar el vacío de la cueva y llenarlo de ritmo, ironía y ternura.
Hay en esta pieza algo de lo devocional y algo de lo profano, algo de la madre costurera y de los mantos de las vírgenes, algo de las encajeras que tejen el aire con paciencia. Pero también hay mala leche, chanza y desparpajo. Un bostezo melancólico de la tierra no es una lección de historia ni un ejercicio de estilo: es un viaje de descenso a la propia cueva, del barroco a la nada, de la nada al nacimiento y la transformación, para al fin abrazar la contradicción y nombrarse.