La escena que proponen Andrés Marín y Juan Domínguez nace del encuentro entre dos universos que no buscan fusionarse, sino ponerse en relación desde sus diferencias. El flamenco y la coreografía contemporánea se encuentran aquí como lenguajes en tensión, atravesados por distintas formas de entender el movimiento, la composición y la creación. A partir de ese choque surge una reflexión común sobre la tradición, concebida no como una forma fija que debe preservarse, sino como una materia en constante transformación, abierta al desplazamiento y a nuevas interpretaciones. El cuerpo se convierte en el territorio donde estas perspectivas se confrontan: un espacio de memoria, experimentación y riesgo en el que conviven el gesto aprendido y la posibilidad de lo inesperado.
Más que un lugar de exhibición, el escenario funciona como un campo de pruebas donde tiempo, percepción y presencia corporal participan activamente en la construcción de la pieza. Entre la precisión del compás y la libertad de la deriva, entre lo heredado y lo inventado, entre la codificación del movimiento y su ruptura conceptual, la obra mantiene vivas sus contradicciones sin buscar una resolución definitiva. Es precisamente en esa fricción donde aparece su potencia creativa: una práctica basada en la escucha, la atención al instante y la disposición a explorar los límites de cada lenguaje.
Idea original, coreografía y música ANDRÉS MARÍN Y JUAN DOMINGUEZ Intérpretes ANDRÉS MARÍN Y JUAN DOMINGUEZ Sonido PEDRO LEÓN Iluminación BENITO JIMÉNEZ Vestuario José Miguel Pereñiguez.
Una propuesta de la FUNDACIÓN FEDERICO GARCÍA LORCA realizado en el marco del proyecto FLAMENCO GARCÍA LORCA comisariado por PEDRO G. ROMERO.