Violetta Valéry SABINA PUÉRTOLAS Alfredo Germont JOSÉ SIMERILLA Giorgio Germont DARÍO SOLARI Flora Bervoix JULIA MERINO Annina LUCÍA MILLÁN
Gastone, vizconde de Létonières LUIS PACETTI Doctor Grenvil ANTONIO TORRES Barón Douphol JOSÉ MANUEL DÍAZ
Orquesta Filarmónica de Málaga Coro Titular del Teatro Cervantes de Málaga Dirección musical ÁLVARO ALBIACH Dirección de escena e iluminación HENNING BROCKHAUS Escenografía JOSEF SVOBODA Vestuario GIANCARLO COLIS Coreografía VALENTINA ESCOBAR
El tercer título de la conocida como “trilogía popular” de Giuseppe Verdi, junto a Rigoletto (1851) e Il trovatore (1853), parte, como es habitual en el compositor, de un clásico de la literatura europea, aquí La dama de las camelias, drama sociológico y realista de Alejandro Dumas (hijo), y de un interesante paralelismo entre este texto y su vida real. En 1847, Verdi se enamora de la soprano Giuseppina Strepponi y empieza a convivir con ella. La Strepponi, como Violetta, era una mujer “descarriada”, una traviata que también albergaba la esperanza de verse redimida por un hombre que le ofreciera una auténtica relación de amor. Y, como la heroína lírica, ella también estaba desahuciada por una enfermedad de tipo tuberculoso.
Aunque Verdi consigue un incontestable sabor popular con omnipresentes formas de danza, la clave del éxito de La traviata, más lejos de lo musical, atañe a aquello en lo que el compositor era todo un maestro: la psicología dramática de los personajes, que extiende a la observación social y la crítica de la hipocresía, que dominan toda la obra.
Situada en la misma época en que se escribió y representó, un año después del estreno, debido a la censura, Verdi tuvo que trasladar la acción al siglo XVIII, evitando así cualquier referencia contemporánea, el ‘efecto espejo’ y saliendo al encuentro de las preferencias del público. En nuestros días se representa como fue concebida originalmente por su autor.
París, hacia 1850. Violetta Valéry, cortesana de los altos círculos parisinos, da una gran fiesta para ahogar la angustia de saberse gravemente enferma. Junto a su amigo Gastón acude un rico heredero provinciano, Alfredo Germont, que queda rendido a la anfitriona y ansía rescatarla de su naufragio vital. Perdidamente enamorados uno de otro se refugian en la campiña francesa ajenos a los placeres mundanos. Giorgio, padre del joven, contrario a esta relación, pide a Violetta que abandone a su hijo. Simulando haber dejado de amarlo ella vuelve a París bajo la protección del barón Douphol. Pasado un tiempo, Violetta y Alfredo coinciden en una fiesta. Al verla, herido y deseoso de venganza, él la ofende arrojándole dinero en retribución por los servicios prestados. Ella cae desmayada y Douphol desafía en duelo al indignado noble. Al recuperarse, Violetta confiesa su amor pero nada cambia.
Han pasado unos meses y Violetta, en su casa, sola y enferma, espera que Alfredo comprenda su sacrificio y regrese. Este llega en compañía de su padre arrepentido, pero Violetta está a punto de morir. Alfredo le suplica que lo perdone. Ella pierde la vida en sus brazos.