Dirección, dramaturgia e interpretación ROSA ROMERO Sonido JAIME TUÑÓN Iluminación MIGUEL RUZ Paisaje sonoro ROSA ROMERO Y GUSTAVO GIMÉNEZ Música en directo GUSTAVO GIMÉNEZ Vestuario GLORIA TRENADO
Arte JULIA VALENCIA Ojo externo MARÍA CABEZA DE VACA Y SILVIA BALVÍN Oído externo PITU GARCÍA
¿Qué es el discurso? Existe una memoria alojada en el cuerpo que no se puede mutilar aunque se la ignore. Son saberes que viajan sin nombre entre pueblos, familias y generaciones. Tienen que ver con la muerte, con la vida, con la fiesta; atraviesan lo importante, nos apelan a todas, son reconocibles y muy precisos, aunque no se puedan explicar con palabras.
Sin embargo, para el sistema hay diferentes tipos de saberes. Unos son estandarte, oro, terciopelo, discurso, letras y pedestal. Y otros, a los que yo me refiero, son entendidos como periferia, azar, fuente, potencia y cueva. Los primeros ocupan el espacio público y narran un mundo muy concreto desde el privilegio y el poder, haciendo un borrado profundo de realidades enteras. En los segundos está todo lo que me interesa: la cueva donde busco lo que soy, ahora que mi casa está desapareciendo.
Este trabajo nace de la necesidad de parar, de habitar el duelo vivo de mis padres, las violencias sufridas y la culpa, para dar un lugar legítimo a mis heridas. Me sirve de espejo la Antígona de María Zambrano: aquella que no se suicida en la tumba, sino que habita un no-lugar para desplazar el discurso público al espacio íntimo de la conciencia.
Titular a esta obra El discurso es un camino para la insubordinación, una decisión firme para poner en valor otras maneras de expresión. Me niego a encajar en los finales trágicos que la literatura dramática universal ha escrito para las mujeres: un canon que nos condena a tomar la palabra únicamente justo antes de morir, cuando la voz ya no supone una amenaza. No quiero ser Lady Macbeth ni la Antígona de Sófocles, no me quiero morir, no me quiero matar.