Juego de volúmenes: arquitectura para descubrir jugando
La Casa Mágica + Juego de volúmenes reúne dos propuestas concebidas para acercar la arquitectura al público infantil desde el juego, la exploración y la experiencia sensorial. Pensadas para niños y niñas desde los primeros años de vida, ambas instalaciones convierten el espacio en un territorio de descubrimiento en el que manipular, recorrer, construir y transformar son también formas de aprender.
Diseñada por el diseñador suizo Adrien Rovero, La Casa Mágica está concebida para niños y niñas de 0 a 6 años como una arquitectura habitable y sorprendente que se sitúa entre una casa de juegos, una cabaña y un pequeño apartamento. Construida únicamente con madera en bruto, la instalación propone al público infantil descubrir un espacio en el que las funciones habituales de una vivienda cambian de lugar.
Una chimenea puede convertirse en un acceso al dormitorio y un frigorífico en una puerta hacia el baño. Estas alteraciones invitan a cuestionar la manera convencional de habitar una casa y a imaginar otras formas de desplazarse y relacionarse con el espacio. Cada estancia funciona así como un pequeño escenario de experimentación.
Rovero, nacido en Suiza en 1981, desarrolla desde su estudio de Renens una práctica que abarca el diseño de mobiliario, iluminación y escenografía. Su trabajo parte de la observación de los objetos y del entorno para crear soluciones en las que el ensamblaje, el reciclaje y el desplazamiento de formas y funciones desempeñan un papel fundamental. Sus obras están presentes en colecciones como las del Centre Pompidou, Grand-Hornu y el MUDAC de Lausana.
Complementa la propuesta Juego de volúmenes, un taller concebido por Adrien Rovero junto a la arquitecta y artista francesa Émilie Queney que introduce a los participantes, desde un año de edad, en algunos de los conceptos básicos de la arquitectura mediante la manipulación y la construcción.
La actividad toma como referencia algunos de los principios presentes en la obra del arquitecto japonés Tadao Ando, especialmente la relación entre luz y materia, vacío y lleno, geometría y naturaleza. A través de acciones sencillas como manipular, ensamblar y transformar piezas, los niños descubren cómo los volúmenes pueden modificar la percepción y la experiencia de un espacio.
Émilie Queney, que vive y trabaja en Londres, desarrolla una práctica centrada en acercar la arquitectura al público mediante el juego y la creatividad. En 2014 creó Archihihi, una plataforma dedicada a la divulgación de la arquitectura a través de actividades experimentales y propuestas vinculadas a la vida cotidiana. También ha colaborado con el Centre Pompidou en diferentes proyectos dirigidos a familias.
En conjunto, La Casa Mágica + Juego de volúmenes propone una aproximación a la arquitectura alejada de la contemplación pasiva: aquí el espacio se toca, se recorre, se modifica y se convierte en un instrumento de juego. Una experiencia pensada para que los más pequeños descubran que construir también puede ser una forma de imaginar.