XXIV BIENAL DE FLAMENCO
El cante de Encarna Anillo llega a la Bienal con dos conciertos para cerrar las Matinés Únicas. Lo hace con un espectáculo en el que recorre diferentes palos flamencos para adentrarse en las emociones que acompañan al ser humano a lo largo de su vida. Junto al laudista Miguel Rincón, la artista plantea una experiencia íntima en la que el cante encuentra un espacio de diálogo con la arquitectura, la luz y el silencio del templo.
El proyecto parte de un repertorio que conecta la tradición flamenca con otros territorios musicales y que forma parte del próximo disco de Anillo, grabado en directo en la fragua de Camarón de la Isla, en San Fernando. Peteneras, soleares de Cádiz y músicas de Atahualpa Yupanqui se incorporan a una propuesta en la que también participa el guitarrista Pituquete. La presencia del laudista Miguel Rincón aporta además una dimensión vinculada a la música antigua, generando un encuentro entre el patrimonio sonoro del flamenco y un espacio histórico de la ciudad.
La estructura de Camino de flores sigue un recorrido emocional que atraviesa diferentes momentos de la existencia. La infancia, la pérdida de la ingenuidad, la desesperanza, el cansancio, el amor, la búsqueda interior y la celebración aparecen representados mediante distintos estilos flamencos. A esta secuencia se suma un componente simbólico: cada palo se relaciona con una flor de Bach que sirve como representación de la emoción que lo acompaña. De este modo, las alegrías de Córdoba se vinculan con la centaura y la infancia; las marianas y los tientos, con la Estrella de Belén y el desengaño; la petenera, con la aulaga y la desesperanza; y la seguirilla, con la genciana y la ansiedad.
El recorrido avanza hacia territorios más luminosos con el fandango y la rosa silvestre, asociados al encuentro y al amor, y se adentra después en la llamada noche oscura del alma mediante la milonga y el castaño dulce. La soleá de Cádiz, acompañada simbólicamente por el nogal, representa el momento de tomar las riendas y avanzar hacia la sanación. El Árbol, vinculado a la mostaza, introduce la transformación interior antes de llegar a la bulería y el lotus, que ponen el cierre a la propuesta desde la celebración de la vida y la espiritualidad. El resultado plantea el flamenco como una vía de expresión capaz de hacer visible aquello que permanece en el interior.
La trayectoria de Encarna Anillo está estrechamente ligada a los cantes de Cádiz y los Puertos. Nacida en Cádiz en 1983, comenzó a bailar con cinco años y se inició en el cante poco después, disciplina que acabó convirtiéndose en el eje de su carrera. Juan Villar, Chano Lobato y Carmen Linares forman parte de sus principales referencias, mientras que su recorrido profesional la ha llevado a compartir escenario con artistas como Terremoto, Duquende, Mariana Cornejo y Lebrijano, además de acompañar a figuras del baile como Farruquito, Eva Yerbabuena, Israel Galván, Andrés Marín, Belén Maya, Rafaela Carrasco y Antonio Canales. Su vínculo con la Bienal se remonta a 2000, cuando participó en Metamorfosis, de Israel Galván, y posteriormente formó parte de distintas ediciones con propuestas como Galvánicas, Sevilla y Asímetrías.