Antonio San Martín desarrolla una obra artística marcada por un lenguaje propio, reconocible por su equilibrio, elegancia formal y constante capacidad de renovación. Su trabajo se caracteriza por una abstracción personal de la realidad, apoyada en la experimentación con formatos y en el uso de una amplia variedad de técnicas, como óleo, acrílico, tinta o acuarela.
El dominio de la luz y el color es uno de los ejes de su producción, con una paleta en la que destacan tonalidades de añil, rojo y ocre, que configuran una identidad cromática definida. En sus composiciones, el artista introduce referencias sutiles a la realidad, dejando espacios abiertos a la interpretación del espectador mediante recursos como trampantojos, encajes o esgrafiados de inspiración clásica.
La luz actúa como elemento estructural de la obra, modulando gamas que oscilan entre colores primarios y profundidades más contenidas. El resultado es una producción coherente, capaz de generar atmósferas serenas y una presencia visual integrada en los espacios que ocupa.