Se trata de un proyecto multidisciplinar de investigación escénica que parte de una obra desarrollada por la artista plástica Margarita Merino. La propuesta gira en torno a una instalación escultórica compuesta por cinco figuras a escala real que expresan la herencia conductual y emocional familiar. Esta creación se inscribe dentro del arte confesional y, siguiendo los pasos de su máxima exponente, Louise Bourgeois, refleja vivencias y conflictos internos para convertir la experiencia artística en un medio de carácter terapéutico y autobiográfico.
La capacidad sanadora del arte, tras atravesar la autoterapia que permite la creación plástica, impulsa una nueva fase de liberación orientada desde los lenguajes contemporáneos. De este modo, las cualidades terapéuticas del teatro se convierten en una investigación abierta hacia una nueva catarsis que expía el trauma al llevarlo a una producción estética escénica, un proceso en el que cuenta con el acompañamiento de la actriz y directora Pepa Ortuño.
El laboratorio formativo busca externalizar este proceso de investigación para trasladar la instalación escultórica hacia un arte vivo como el escénico. Se transita de la instalación a la acción plástica y al teatro con el fin de profundizar en la dualidad entre unidad y fragmentación, tomando el concepto de «palo» como símbolo de origen o linaje, y la «astilla» como expansión, ruptura y herida impresa en el cuerpo y en la psiquis heredada. Esta hibridación performativa, desarrollada en el marco de una residencia artística en colaboración con el Instituto Municipal de las Artes Escénicas, reformula el discurso de la identidad y la subjetividad del individuo a través de la confesión escénica.
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