La Hacienda Santa Cruz, en La Rinconada, se convertirá el próximo 7 de mayo en el epicentro del sector de la patata nacional con la celebración de la VII edición del Congreso de la Patata Nueva de España. Organizado por Asociafruit y FEPEX, el encuentro regresa consolidado como la gran cita bianual para productores, técnicos y agentes del sector, con el objetivo de analizar los principales desafíos técnicos, normativos y comerciales de este cultivo estratégico.
En términos económicos, la patata nueva temprana representa un cultivo muy relevante de Andalucía, con cerca de 10.000 hectáreas dedicadas a su producción —principalmente en la provincia de Sevilla—. Además, se trata de un cultivo con una marcada vocación exportadora, especialmente hacia los mercados europeos, donde la patata nueva andaluza es altamente valorada por su calidad, frescura y sabor, se recolecta y se comercializa durante la temporada, sin pasar por ningún proceso de conservación.
Según datos oficiales del Ministerio de Agricultura, son unas 5.200 hectáreas las que se cultivan de patata en la provincia de Sevilla. También se cultivan patatas en las provincias de Cádiz, Huelva, Málaga y Córdoba, hasta completar las 9.750 hectáreas del total de Andalucía. Junto con Murcia, es la zona de producción de España de patata, la primera que se produce en el año en cantidades suficientes para abastecer al mercado nacional y europeo, sustituyendo la oferta de patata de conservación-patata conservada en cámaras y contratamiento antigerminante- que ha estado abasteciendo el mercado nacional durante el invierno, procedente en su gran mayoría de Francia.
En los últimos tiempos, el cultivo de la patata ha venido atravesando en toda España unas enormes dificultades, lo que ha ocasionado una reducción muy significativa de la superficie sembrada. Hemos pasado de las 257.000 hectáreas de cultivo registradas en España en 1992, a las 60.000 actuales, lo que supone una reducción del 77%. En el caso de Andalucía, de 23.500 hectáreas cultivadas en 2004, apenas si llegamos hoy a las 10.000. Esta reducción de la producción tiene una consecuencia directa sobre el volumen de empleo. En los últimos años podemos decir que la superficie se ha estabilizado.
La caída de la producción tiene que ver directamente con el hecho de que España importa el 70% de la patata de otros países, fundamentalmente de Francia. Paradójicamente, la mayor parte de la producción de patata de Andalucía se exporta, ya que es un producto con calidad reconocida internacionalmente. La patata que España importa es de conservación, es decir, se mantiene durante largos periodos de tiempo a baja temperatura, con lo que pierde frescura y parte de sus propiedades.
Sevilla acogerá el próximo 7 de mayo el VII Congreso de la Patata Nueva de España, en el que se reunirán profesionales del sector para debatir en torno a ella y analizar la sostenibilidad del cultivo en el contexto actual, tanto normativo como de mercado. La situación del cultivo de la patata nueva, el análisis de la próxima campaña, las exigencias de calidad, las limitaciones en el uso de fitosanitarios, la apuesta por el origen,… entre otras cuestiones, serán asuntos que se abordarán en profundidad en el congreso.
Bajo el lema ‘Sostenibilidad, Orígenes y Mercado’, el congreso ofrecerá un completo programa de ponencias y una mesa redonda, en las que se abordarán cuestiones clave como la evolución del cultivo y el consumo de patata en España y Europa, la competencia de otros países, la apuesta por el origen, las limitaciones en el uso de fitosanitarios etc.