Febrero 2012
LOS DESCENDIENTES

En el eterno dilema de si es más difícil rodar una comedia o un drama, hacer reír o hacer llorar, cada director arrima el ascua a su sardina. Este debate oculta que lo verdaderamente difícil es rodar una buena película con independencia de su género. No obstante, encontrar el equilibrio perfecto entre el drama y la comedia se antoja la fórmula ideal y son contados los directores que poseen este difícil don de hacer emocionar al espectador a la vez que logran arrancarle una sonrisa o una carcajada.
El norteamericano Alexander Payne es uno de estos privilegiados cineastas y para fortuna del público no duda en aceptar este difícil reto. Aunque en un primer momento optó por estudiar historia y español en Salamanca, decidió dar un giro a su vida y se matriculó en la prestigiosa UCLA de Los Ángeles.
Ahora nos llega su último trabajo, Los descendientes, una magnífica película protagonizada por un hombre de mediana edad superado por los acontecimientos: su mujer está en coma, su suegro le culpabiliza, tiene que hacerse cargo de sus dos hijas -una adolescente rebelde y una niña muy especial-, debe tomar una importante decisión económica de gran calado y, por si fuera poco, su hija mayor acaba de confesarle que su esposa le era infiel. Con estos mimbres, Payne construye una historia contada con sencillez, inteligentemente narrada, en la que evita caer en un fácil sentimentalismo.
Uno de los aciertos del guión es el contrapunto cómico que aporta el personaje de Sid, el amigo de su hija adolescente. Su presencia (buena elección de casting), la configuración de su personaje y las líneas de diálogo sirven para restar dramatismo y rebajar la tensión de una historia que en otras manos sería bastante dura.
Basada en una novela de Kaui Hart Hemmings, Los descendientes se desarrolla íntegramente en las islas Hawai, elemento que es también sabiamente utilizado por el director para enriquecer la historia con la venta de unos terrenos en poder de la familia durante varias generaciones y que, si nada lo remedia, convertirán un paraíso en una zona de recreo masificada de turistas.
Son varios los actores de prestigio (Jack Nicholson, Kathy Bates o Virginia Madsen) que han sido dirigidos por Alexander Payne en su corta filmografía (tan sólo dos largometrajes en la pasada década, A propósito de Schmidt y Entre copas) y que han conseguido ser nominados al Oscar en reconocimiento a su trabajo; como no podía ser menos, George Clooney figura este año en la categoría de mejor actor protagonista.
Se confirma así el acierto de Payne como director de actores, lo que se corrobora también con el excelente trabajo que ha realizado con las hijas de Clooney en la película, la televisiva Shailene Woodley y la pequeña Amara Miller, sin olvidar, claro, le feliz recuperación del veterano Beau Bridges.
Director: Alexander Payne; Guión: Alexander Payne, Nat Faxon y Jim Rash; basado en la novela de Kaui Hart Hemmings; Productores: Jim Burke, Alexander Payne y Jim Taylor; Director de Fotografía: Phedon Papamichael; Montaje: Kevin Tent; Diseño de producción: Jane Ann Stewart; Vestuario: Wendy Chuck.
Intérpretes: George Clooney (Matt King), Judy Greer (Julie Speer), Matthew Lillard (Brian Speer), Beau Bridges (primo Hugh), Shailene Woodley (Alexandra), Robert Forster (Scott Thorson), Nick Krause (Sid), Patricia Hastie (Elizabeth King), Amara Miller (Scottie King), Mary Birdsong (Kai Mitchell), Rob Huebel (Mark Mitchell).
Miguel Olid